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Monday, September 10, 2012

BUENA VIDA - Astrología y comprobación estadística - ARGENTINA

 

 

Algunas de las constataciones que, aunque en ocasiones deseando todo lo contrario, científicos de diferentes disciplinas realizaron sobre los vínculos de ciertas posiciones planetarias con los individuos y, también, las ondas magnéticas.
 
La Luna, con fuerte presencia en las cartas de los escritores
La Luna, con fuerte presencia en las cartas de los escritores

         

Cuando son interpelados respecto del origen de los contenidos de su disciplina, muchos astrólogos dicen que los antiguos caldeos “los dedujeron por estadísticas”.

Si bien hay una sumatoria de millares y millares de tablas de arcilla con escritura cuneiforme consignando posiciones planetarias y algunas interpretaciones, no podemos hablar de estadísticas, ya que ésta es una ciencia relativamente reciente, nacida hace poco más de un siglo.

No hay forma de comprobar si las asignaciones que la tradición otorga a los símbolos principales se dio por observación de muchos datos, por alguna forma de revelación o como una construcción cultural gradual no por ello menos eficaz: esa zona del saber histórico y arqueológico tiene grandes lagunas.

En suma, no sólo no se sabe por qué funciona la Astrología, sino que tampoco cuándo y, sobre todo, cómo nacieron los contenidos que tradicionalmente la constituyen.

De la incredulidad al asombro

La estadística nació en el siglo XIX para objetivos de control estatal y censos, y luego fue combinada con las teorías de la probabilidad surgidas desde el siglo XVII para la predicción de diversos fenómenos astronómicos, físicos y sociológicos. Se impuso en el siglo XX como sinónimo de cientificismo, convirtiéndose en una herramienta de trabajo fundamental para las ciencias positivas modernas.

En 1950, el estadístico francés Michel Gauquelin comenzó un intenso trabajo de investigación con la intención de, mediante esta herramienta, refutar de una vez por todas las absurdas afirmaciones de la Astrología.

Pronto se topó con los experimentos anteriores de un cierto Léon Lasson, que vinculaban posiciones planetarias con profesiones.

Gauquelin comenzó con un grupo de 576 catedráticos y profesores de medicina, descubriendo, azorado, que un porcentaje muy superior a la esperanza matemática había nacido cuando los planetas Marte o Saturno se encontraban sobre la línea del horizonte o del meridiano del lugar.

Comparó estos resultados con otro grupo compuesto de 508 médicos eminentes, y se encontró con las mismas posiciones, las que, sumadas a las anteriores, sólo podían producirse por azar en una posibilidad entre diez millones.

Creyendo que algo debía andar mal, recorrió con su esposa Françoise toda Europa en búsqueda de registros natales fidedignos, aumentando el número de casos estudiados primero a 25.000, y luego a cientos de miles.

Seguían observándose posiciones significativas de Marte y Saturno en el caso de los científicos de renombre; de Marte en los deportistas; de Marte y Júpiter en los militares; de la Luna y Júpiter en los actores y de la Luna en los escritores, tal como siempre lo había afirmado la Astrología.

Asimismo, encontró una relación de alta significación estadística entre las posiciones planetarias de un individuo y la de sus padres.

Si bien produjeron muchas controversias y difamaciones, sus resultados impresionantes han sido hasta la fecha irrefutables, para conmoción de la comunidad científica toda.

Desde entonces, se han sucedido múltiples verificaciones estadísticas rigurosas de diversos segmentos de la doctrina astrológica, tales como la de las ondas de radio.

En 1950, algunos científicos de la RCA, la “Corporación de Radio de América”, observaron una correspondencia entre la calidad de recepción de ondas cortas y las posiciones de los planetas del sistema solar. Encomendaron entonces al ingeniero John Nelson investigar si era sencillamente una casualidad, o si había algún influjo de los astros en la recepción radiofónica.

Investigando los datos técnicos archivados desde los años veinte, Nelson descubrió que las tormentas magnéticas -origen de las perturbaciones en la propagación de las ondas de radio- coincidían con las posiciones que dos o más planetas tenían respecto del Sol, en los ángulos de 90 y 180 grados que los astrólogos llaman “aspectos”, en este caso, de cuadratura y oposición, y que han sido tradicionalmente leídos como señal de conflictos y tensión.

Asimismo, Nelson observó que con los llamados “aspectos armónicos” de sextil y trígono, 60 y 120 grados respectivamente, se mejoraba notablemente la propagación de las ondas cortas.
Además, comprobó ciertos efectos con otros ángulos no considerados por los astrólogos de la antigüedad, pero muy usados por los modernos: el quincuncio, de 150 grados, y la sesquicuadratura, de 135 grados.

La validez de estos descubrimientos se puso en evidencia cuando Nelson pudo predecir correctamente futuras perturbaciones electromagnéticas con un 93 por ciento de aciertos, cifra asombrosa e imposible de adjudicar a la casualidad.

Hoy, por estos resultados, las emisiones radiofónicas en todo el mundo han mejorado la calidad de recepción de los usuarios, mostrando otra cara oculta de la relación entre la vida cotidiana y la Astrología.

Jerónimo Brignone es presidente y director del Caba, Fundación Centro Astrológico de Buenos Aires, entidad con más de 50 años de actividad y reconocimiento internacional. También dicta clases en la UBA

www.astrolcaba.com.ar

Tuesday, July 3, 2012

BUENA VIDA / ESPIRITUALIDAD - ARGENTINA


La Luna y nosotros

En el simbolismo astrológico, ella corresponde a los deseos inconscientes y el niño interior. Su connotación nocturna nos permite tomar contacto con nuestra parte más instintiva, nuestros talentos y nuestra capacidad para ser felices.


Aún hoy, el carácter nocturno de la Luna es leído, a veces y erróneamente, desde lo negativo

Aún hoy, el carácter nocturno de la Luna es leído, a veces y erróneamente, desde lo negativo

La Luna, fuente perenne de inspiración de los poetas, lumbrera de los míticos lobizones y aquelarres medievales, reguladora de las mareas… ¿qué relación guarda con la astrología?

Mucha. Los primeros testimonios arqueológicos existentes de la humanidad son el registro de sus fases, y los orígenes de la Astrología son lunares, inclusive en la definición del Zodíaco.

Durante siglos fue el indicador primordial del temperamento de una persona, tal como sigue siéndolo hoy en la astrología de la India.

¿Un caso de misoginia?
Sin embargo, fue desterrada no sólo por el auge de la Astrología Solar del siglo XX en los medios masivos, sino por la tendencia de las escuelas esotéricas que albergaron su renacimiento en el siglo anterior a sobrevalorar al Sol como símbolo soberano del espíritu, la voluntad y la consciencia (y del varón, en una veta inconfundiblemente machista).

Actitud proveniente de Platón y los poderosos mitos solares egipcios, persas y griegos, que luego asumirían los emperadores romanos y su sucesora, la iglesia cristiana. El modelo heliocéntrico de Copérnico y “las luces” del racionalismo renacentista continuaron con esa misma línea, que veía en las oscuridades comandadas por la Reina de la Noche valores puramente negativos que tendrían su culminación en el inconsciente freudiano.

La mala de la película
Por ello, si bien casi toda corriente astrológica considera a la Luna como un indicador importante del carácter a la par del Sol y el Ascendente, a veces se la percibe como una parte primitiva de nuestra personalidad. Se la considera marcada por condicionamientos infantiles que se repiten luego reactivamente en forma descontextualizada, estados de humor irracionales o necesidades inmaduras inconscientes que nos llevan a manipular subliminalmente a los demás o a nuestra propia voluntad para satisfacerlas. Definitivamente, algo que debiéramos “superar”.

La fuente de la felicidad
En esta sobrevaloración maniqueísta del Sol en desmedro de la Luna, se pierde de vista que su connotación “nocturna” nos permite tomar contacto con nuestra parte instintiva y nuestra emocionalidad profunda, haciéndonos seres más completos. Y que ese automatismo que se le asocia puede también ser leído como espontaneidad y facilidad con lo vinculado al signo en que se halla, claramente reflejado en capacidades o talentos no siempre explotados.

No podemos “superar” nada de nuestro cielo natal, ya que seguirá estando ahí, sino que podemos reconocerlo y, aceptándolo, potenciar sus costados más constructivos y creativos.

Se suele asociar a la Luna con lo infantil y, por ello, también simboliza al Niño Interior, que porta consigo la sabiduría de la inteligencia emocional.

Sólo cuando cuidamos de nosotros mismos satisfaciendo las necesidades de ese Niño juguetón y creativo, aunque caprichoso, podemos acceder a ese espacio legítimo que todos merecemos y que se llama Felicidad.

Luna, Sol, Ascendente
Supongamos el signo de Escorpio, al que entre otras cosas asociamos con el conflicto casi insoluble que surge de intentar fusionarse dos entidades diferentes, sea una persona con otra (física o emocionalmente), con un grupo o con otra instancia.

Esta conflictividad da un sello característico de intensidad y de gran plenitud en el caso de lograr esa compleja fusión.

Sol en Escorpio puede buscar deliberada y conscientemente esa fusión, asumiendo plenamente la noción de conflicto. Un Ascendente quizás también, pero de un modo menos consciente o reflexivo, de modo que muchas veces tendrá actitudes conflictivas que no reconocerá en sí mismo y se verá envuelto en conflictos de gravedad, conflictos que a veces la vida le impondrá de un modo particularmente dramático, sorpresivo y no buscado.

La Luna en Escorpio ya siente desde siempre esa intensidad y quizá tienda de un modo tan inconsciente como el Ascendente a involucrarse en situaciones de compleja amalgama con los otros.

La diferencia es que aquí surge de una necesidad emocional: en la medida en que la Luna se asocia con la nutrición, esta Luna se nutre del conflicto y de la intensidad emocional. Puede reaccionar de un modo sumamente defensivo y desconfiado, ya que percibe potencialmente peligro, pero esas reacciones a veces ser completamente inadecuadas a la situación.

Más allá de estos rasgos incómodos, hay un talento potencial para amalgamar a otras personas y a sí misma con ellas en proyectos poderosamente movilizadores, con facilidad para poder sobrellevar los conflictos que naturalmente esto suele conllevar y gran espontaneidad para responder a ellos creativamente.

Si la necesidad profunda de este Niño Interior es lograr fusiones potentes, incluyendo y superando los obstáculos, en ese tipo de vínculos y actividades encontrará su felicidad y su paz interior.

Aprendiendo sobre nuestro cielo natal
Si sabemos nuestra hora natal, es muy útil enterarnos a través de algún servicio de la web, tal como http://www.astro.com/horoscopo, en qué signo se halla nuestra Luna, así como por supuesto el Ascendente: abrirá nuevas perspectivas en nuestro autoconocimiento y desarrollo personal.

Palabras clave de la Luna: necesidades, emoción, humor, demandas afectivas, reacciones, deseos inconscientes, autocuidado, inteligencia emocional, facilidad, comodidad, espontaneidad, talento, niño interior, satisfacción, felicidad.

Jerónimo Brignone es presidente y director del Caba, Fundación Centro Astrológico de Buenos Aires, entidad con más de 50 años de actividad y reconocimiento internacional. También dicta clases en la UBA